Así es; aún tengo fiebre (sigo con el trapo). Cerré los ojos y sentí un hormigueo cálido e incómodo.
Recordé el corral en el que pasaba tardes descalzo viendo las hormigas ir y venir con hojas y ramitas. Algunos días tenía suerte y veía llevar una lagartija o un pequeño ratón moribundo. Jack a veces las aplastaba con su pata delantera izquierda, observando cómo movían las cosas y para qué. Les ladró alguna vez.
Una de esas tardes las veía pasear. Jack ladró. Perdí la atención. No sabía cómo habían llegado tantas hormigas a treparse en mis piernas. Me desesperé, me angustié. Mis ojos de crío dejaron salir abundantes chorros de agua salada. Me dolía mucho. Jack ladró muy fuerte. Ladró con angustia. Mi madre o mi hermana (ya no recuerdo quién) me sacó de allí, me sacudió las piernas y les roció alcohol. El dolor era un hormigueo amargo. Ampollas recorrían mis piernas, yo seguía llorando.
Vuelvo al hormigueo cálido e incómodo. Me zumban los oídos. Veo pasar una hormiga antes de escribir esto. Les dejo el Fragmento de la hormiga.



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