Ya ves que suelo tentar a dios, retarlo, adorarlo, escupirlo y ponerle una vela apagada. Lo mismo pasa con el diablo, pero él no lo tomarlo tan a pecho. Ayer el poder del alcohol me dió unos versos que les dejo aquí.
¿Quién robó la virginidad de la serpiente?
¿Fui yo, dios, o el diablo?
Quizás fue el sacramento.
El sacramento se hizo propio de la tregua divina.
Y el perdón, cura dolorosa, se desbalaga en el pecado.
Los mares de un vientre se mueven para encontrar las paredes
Y las paredes se revientan para encontrar belleza y caos.
La espuma de sangre carece de ritual armonioso
Y sólo quedan las lágrimas, silencio inoportuno
Que invoca al frío.
Las llamaradas de frío llegan a desembocar
El enjambre de semen que ha de fecundar el tiempo.
De repente pienso y creo y digo y veo
La vejez es un dogma de vida
La juventud es añoranza de la muerte.
No es mofa de los cuentos... existen
Se creen verdaderos.
Yo vengo en calidad de dios
Vengo a presentar mi cuerpo calcinado en el pecado
Y me voy como demonio
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