La fragilidad tiende a ser tan profusa últimamente.
El cristal llama a la sangre con su tintineo indeleble a los ojos del espíritu. Entonces se pierde la consciencia y parecen remotas las tardes de café y garabatos en algún lugar (de) Bajo el tiempo. Quiero recordar el buen viento que hacía en ese lugar de otoño, pero no puedo y sólo me queda el resabio de caramelo fino que saboreaba de vez en vez antes de atarme al humo. Las manos mentirosas de los juegos; la soledad suele ser buena para guardar secretos. Leía cartas y la tinta era tan dulce en aquellos momentos. Era peligroso sentarse frente al fuego; las pequeñas brujas amenazaban con robar la mirada por largas horas hasta que todo se volviera un sinsentido. Tiempo pasa antes de que el cristal se seque y deje volver a caminar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario