Tampoco puedo decir que me ha alcanzado la luz.
No puedo decir que soy un iluminado ni que mi vida se ha perdido o se ha guiado.
Puedo decir que quedará un vacío...
Se recuerda el licor no el vaso.
Quiero dejar ésto en memoria de Álvaro René, compañero en los arcanos que encierran las palabras y con quien me hubiera gustado compartir más. Que te vaya bonito a donde vayas.
No es golpe directo pero si ayuda a marear...
El zahorí, la arena y el río
Mi boca de arena tiene resabios de desierto
Se deshace y se desgarra ante el canto del río
Y con sus mentiras vuelve a saciar la sed de mis ojos.
Una mentira vale más que cien verdades forjadas en llamas azules e insípidas…
Mi boca de arena quiere besar la verdad
Pero no encuentra palabras para conquistarla y sólo desquita su pasión
Con parras calcinadas y efervescentes.
Recuerdos inescrutables de contento y consciencia de estrellas, que todo lo ven y todo lo olvidan.
La cánula incipiente derrama fragancia pulcra y fresca
La fragancia rechaza las flores porque se marchitan y se entregan al solar;
Se entregan desesperadas por volver a ser parte de la cosecha
Mi boca de arena se incendia y quiere beber pecados para calmar la sed
Pero los sorbos son en vano y las gargantas se desgarran en tímido grito incandescente
Que deja libre el camino para que el humo nos sofoque
Escamas de piedra bloquean el río y deja de ser escuchado
Pierde los ojos y se aferra a la fermentación que no le corresponde
Retira los cuerpos cadenciosos y vuelve a ser río estancado
En el que el zahorí perecerá sin saber que el agua es veneno irresistible de la muerte
Si hay esperanza debe ser como el humo, elevarse y desvanecerse hasta ser imperceptible
Porque necesita fundirse con los arcanos y el inconsciente
Besa mi boca de arena y siente como cada párpado agonizante está indeciso entre abrirse y cerrarse
El zahorí mira el suelo y rechaza el horizonte esperanzado en merecer el cielo.
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