Quizás las cartas no sobreviven al calor de tus manos.
Bocanada de reliquia
La culpa resuena en los pasos que me siguen y me desgarran
Juega a soñarte y volverte mujer en las sombras
Sólo tus miradas me hacen dar cuenta del páramo que nos rodea y me hacen escarbar en los silencios y muecas de arcilla
Los labios salados entrevén la bocanada de reliquia, tragos de arcilla
Infusiones de un vaho de sangre seca y petrificada en tu piel como tinta de ensueño
La ínfula de memoria de aquel ser extraño e impertinente
Clamo nombres ajenos a ti
Los números remueven la cordura, se apiadan de la noche y se mofan del licor en los dedos
Las cartas no llegan y no se apiadan de mis manos de ceniza
Una voz se escapa de tu garganta de vez en vez sólo para expulsar la incertidumbre del después
Busco paraíso en tus infiernos, quieto, ofuscado y enfurecido ante la penumbra que no espantas
Enterrado en la sal no puedo caminar y no puedo alejarme ni acercarme, ni huir, ni implorar, ni gritar sin escaldar el corazón
Busco paraíso en tus infiernos tan distantes de mis manos y de mis ojos
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